Deneva es la líder, la guía de la manada. Sus compañeras la siguen a donde ella va, las orienta. Cagigas sabe su rol y lo asume con pasión. Portar el gafete de capitán simboliza el orgullo azul y oro. Pesa. Representa a Pumas y a la máxima casa de estudios de nuestro país; sin embargo, la jugadora no huye. “En realidad, tener la fortuna de ser capitana de un equipo tan importante, más que verlo como responsabilidad, me hace sentir orgullosa”.

Hay quien cree que esta hermosa chica asume una enorme responsabilidad, mas ella no se complica la vida. Simplemente se ve como un enlace entre el plantel y la entrenadora. Lo hace con gusto y le sale a la perfección. “La mayoría piensa que es algo complicado, pero no. En lo personal me encanta que todas se pueden apoyar en mí y que soy una comunicación entre ellas e Ileana”, comparte sonriente.

La elección para dicha tarea no ha sido por coincidencia. Entrega, garra y dedicación han sido sus argumentos. “Hace un tiempo Ileana era mi entrenadora de futbol rápido en la escuela, así que ya me conocía”, descubre Deneva. “Ella sabe que amo este deporte y que no me importa sacrificar algunas cosas, como salir con amigos o ir a fiestas. Puedo estar en todo momento, cuando ella me necesite. Tengo la disciplina que se requiere”, afirma.

Ella no necesita identificarse con los colores azul y oro, porque los lleva en la sangre. Así lo descubre al Diario de los Deportistas. “Desde muy chiquita siempre veía futbol, pero no tenía un equipo, hasta que uno de mis primeros entrenadores me llevó a una final de Potros contra Pumas, cuando vivía en Cancún. Me prestó una playera, justo de Pumas, y desde ahí no me la quité. Nació ese amor al equipo”, remata, con los ojos bien brillosos.

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